Teoría de la Experiencia

Jorge Luis Muñoz

El título más que contradictorio ubica a este escrito en este nuestro tiempo. Al igual que otros escritos que no hablaban de dios, le eran dedicados o que sin hablar del poder eran dedicados a poderosos. Se habla desde la teoría sin referencia a ella.

Teoría y experiencia nada tienen que ver la una con la otra, corresponden a perspectivas excluyentes en las que arbitrariamente se asignan significaciones que pretenden dar cuenta de una u otra.

La teoría corresponde al mundo imaginado que ha construido el poder pastoral en su búsqueda de soluciones para la sobrevivencia y desde ese mundo imaginado se define a la experiencia como al mundo de los hechos. Resulta así que pareciera que enfrentamos una dialéctica y que todo se configura a partir de esa dialéctica. Incluso desde esa mirada ingenua se ha propuesta una unidad exótica llamada praxis, o sea la unión de la teoría con la práctica.

Desde la teoría, al confrontarla con la experiencia solamente se percibe un mundo dialéctico. Incluso, desde la perspectiva de la teoría pareciera que la teoría misma es parte de la experiencia. Pareciera que la experiencia es mucho más que la teoría y en ese sentido la experiencia contiene a la teoría. Esas solo son ilusiones teóricas.

Cuando se es capaz de superar esa dialéctica y en general de superar la perspectiva teórica y mirar al mundo desde la experiencia, se percibe al mundo como algo mucho más rico que una dialéctica o mucho más que un conjunto de contenedores. La teoría aparece como cuento de hadas, la experiencia como afán talachero, Brota entonces la creatividad, la intuición y muchas cosas que hasta nombrarlas así es un exceso. Asistimos a un espectáculo de fuegos efímeros que duran lo que habrán de durar pero que nunca desaparecen al fundirse con lo que los rodea y aún más allá.

La experiencia es un mundo para ser vivido y solamente se le puede describir desde estos pálidos relatos teóricos. Una autonomía es ante todo una experiencia. Aquí lo más que podemos hacer arbitrariamente, es decir que la experiencia existe y que no es ese afán de hacer lo que la define.

A la experiencia ha de accederse escalón por escalón, desmontando las fantasías que han creado la teoría y su principal expresión que es la ciencia. Sabremos que atisbamos la experiencia cuando sepamos que los porqués son parte de la fantasía cerebral tan necesaria para la subsistencia, pero no más. De hecho la experiencia ni está tan lejana ni nos es ajena, solamente está sitiada por la teoría. Esta, está tan enquistada en nuestro cerebro que se ha constituido en un nodo cerebral, socialmente creado y hecho carne por la sociedad pastoral. Como nodo (al igual que la amígdala cerebral y otros nodos) pone anteojeras y anteojos a todo lo que vemos o captamos.

Por fortuna la experiencia no solo es necia, sino que es la percepción dominante en gran parte de la población que aún no está integrada en las sociedades pastorales o que solo eventualmente se integra con ella. No obstante, quizá pasarán milenios antes de que recuperemos nuestra vida en la experiencia, no porque la experiencia sea difícil alcanzar, sino porque sociedades y poderes pastorales también son necios.

Abril de 2018

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