Gregarismo en Vez de Organización

Daniela López. FAD-UNAM, 2016

Jorge Luis Muñoz
Septiembre de 2014

Cuando se habla de lucha popular indefectiblemente se habla de organizarla. Lo que se logra con ello es una versión más o menos fiel del sistema que pretende combatirse. Una alternativa a la organización es la gregarización. Para entender a esta habría que partir de lo siguiente:

La gregarización no es asunto de definiciones ni mucho menos de explicaciones o teorías, es un asunto eminentemente práctico.

La discusión relativa a la gregarización o es parte de los hechos o es pura teoría: se discute para hacer, no para aclarar nada o en todo caso para aclarar el hacer.

La gregarización no es un modelo y por tanto no es teorizable. Hay muchas gregarizaciones, tantas como comunidades gregarizadas existan (que no organizadas). Igualmente hay tantas formas de gregarización como etapas y momentos existan en cada gregarización. Esto es, una gregarización es necesariamente dinámica y cambia como cambia la manera de trabajar gregarizadamente.

Una iniciativa de gregarización dentro del capitalismo es necesariamente una propuesta exótica, en tanto que es una propuesta de orden teórico, por lo que una gregarización debe comenzar como una intención anexa a la construcción de condiciones materiales que sustentan impulsos vitales del hombre.

La intención de gregarización con ser una intención no es una guía, es solo un recurso de consciencia para echar a andar al resto cerebral (el mal llamado inconsciente), por tanto, no tiene por qué existir como guía consciente. Como intención de gregarización puede recurrirse a ella las veces que sea, pero solo como motor del “inconsciente” y nada más. Por lo tanto, la consciencia de que se quiere construir una gregarización no debe transformarse en precepto por ningún motivo. El truco para evitar esto es permitir que el hecho reclame a la intención y no que la intención diga lo que hay que hacer.

Un buen prerrequisito en la construcción de gregarizaciones (que no “EL REQUISITO”) es la transparencia, nada debe ocultarse a los gregarizados, particularmente si se trata de los motivos de la gregarización (cuentas, informes, existencias de productos, intenciones para con lo que se trabaja, etc.). Esto no implica que se pierda la individualidad o la posesión privada, ni que la gregarización se convierta en un confesionario en el que no se guarden secretos o detalles de la vida de cada persona.

Se sabe que un proceso de gregarización es exitoso en cuanto desaparecen las jerarquías dentro del hacer comunitario. Es decir, en cuanto desaparece la organización sin desaparecer el hacer comunitario.

La gregarización surge de la experiencia compartida.

En conclusión: hay que gregarizar en vez de organizar. Hay que gregarizar la lucha. Hay que gregarizar al movimiento y todo lo que como colectivo se haga.

Gregarizar es poner siempre adelante los intereses del colectivo por encima de grupos e individuos. Pero esto no se logra con una simple declaración, de hecho si existe una declaración en tal sentido (típica de políticos y gobernantes), se puede estar seguro de que el colectivo no está por encima de nada, y que de hecho, está solo en el primer lugar del discurso.
La gregarización es mera fantasía, carece de significado coherente. Teóricamente puede entenderse pero difícilmente va a trascender más allá de la letra o de la palabra. Es por eso que la gragarización es asunto de experiencias compartidas a la hora de trabajar, divertirse, hacer el amor, comer, compartir espacios, etc. etc. La gregarización emerge de la relación humana íntima o cercana y cuando esta tiene que ser lejana, surge de conductas como la solidaridad o la comprensión.

 

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