Manifiesto Ciudadano Parte 1

1- MOVIMIENTO CIUDADANO

Vivimos tiempos difíciles, tiempos en que el capital transnacional domina al planeta a la vez que provoca una terrible dispersión de la gente. Todo lo mueve el interés por el dinero, por el poder o por la celebridad que da poder y dinero. No se mira en el horizonte ninguna fuerza política capaz de oponer una fuerza organizada significativa a la orgía de poder del capital transnacional. Por todas partes la población es cada vez mas pobre, las aguas, la tierra y el aire se contaminan ante la impotencia de infinidad de organizaciones ciudadanas y ecologistas. Las colectividades se destruyen o aíslan, las familias se resquebrajan, los individuos se desgarran. Las naciones son meros cotos de poder de oligarquías locales al servicio del capital transnacional.

El modelo de vida que produjo la sociedad de consumo está encontrando los límites de su expansión. Los poderosos empiezan a dar gritos de alarma ante un sistema que ellos mismos fomentaron y que ya no pueden controlar. Toda propuesta de organización por muy revolucionaria que resulte es rápidamente absorbida por el sistema. El rock, los hipies, los narcos, los indios y hasta los movimientos gay y los de mujeres han sido asimilados, subordinados, anulados o vuelto inofensivos. El sistema no ha dejado otra salida que la explosión social (que ante la desesperación de los guerrilleros y las oposiciones, no acaba de detonar). Es por ello que se han puesto de moda el rescate de los pobres, la redistribución de la riqueza y el altruismo selectivo. Los poderosos (y sus conciencias opositoras) pretenden que con esas medidas conjurarán los demonios que han desatado y que nunca terminan de entender.

La realidad que vivimos no es nada halagüeña: nos regodeamos en la impotencia, nos incorporamos al sistema (como parte del aparato -o su oposición- o sumidos en la contemplación) o nos escindimos mediante la vagancia, la locura o el abandono.

Todo, absolutamente todo lo que se nos pueda ocurrir, sucederá en el marco de un sistema que ya ha aprendido a controlar a su disidencia y a subordinar y anular a los otros, a los ajenos al sistema mismo (como los indios y los locos). En ese marco es necesario abrir regiones de autonomía, perforaciones en la caparazón del aparato, alentar líneas de fuga, demencias y otredades capaces de sustentarse ellas mismas. Como diría Marx, es necesario crear condiciones materiales de existencia para que surja LO OTRO, lo que naciendo del sistema no es del sistema, no pertenece al sistema.

Experiencias como las del EZLN nos marcan el camino a seguir, nos indican que el camino no es sólo crear otros mundos, sino también las condiciones materiales que los sostengan. De no hacer eso, el sistema acaba por subordinar a cualquier manifestación, por aislarla o hacerla inocua.

En la periferia del sistema se crean los campos para una nueva sociedad, pero no es sino en el corazón del sistema mismo en donde podrá pararse esa locura que es el neoliberalismo. Es en las grandes ciudades en donde deberán surgir las nuevas “zonas liberadas”, las regiones autónomas que abonarán los campos cultivados en la periferia.

Las regiones autónomas deberán de surgir sin más plan que devolver la palabra a la gente mediante la creación de los medios materiales de subsistencia que la misma gente desarrolle y explote. Ni Mesías ni dirigentes, solamente deberá haber coordinadores de acciones concretas en el surgimiento de esas autonomías.

En esas regiones autónomas deberá forjarse un nuevo espíritu para que sea posible forjar un nuevo hombre y con ello una nueva sociedad. Esto es particularmente importante hoy que las neurociencias apuntan la posibilidad de manipular la mente. La razón, la lógica misma, el pensamiento deberán ceder espacios a manifestaciones del espíritu que apunten en direcciones diversas (como la intuición entre otras), solamente así se podrá burlar al sistema.

Las regiones autónomas podrán federarse o coordinarse pero nunca seguir mando único alguno. Habrá quienes digan: “éste no quiere otro Mesías que él mismo”, pero ¿se puede ser Mesías de babel? ¿se puede ser líder de quienes ni hablan ni piensan ni sienten como el líder? Quien diga que sí que lo intente.

Para lograr lo anterior es necesario retomar la euforia mercantil-productivista para generar un movimiento ciudadano que aliente o impulse nuevas o renovadas regiones y formas de autonomía, que sostenga e impulse regiones autónomas incipientes o logradas. Hay que inventar y reinventar formas de expresión, modos de sacar dinero y recursos para la causa, nuevas formas de amar, de acercarse a dios y a los hombres, de ser un nuevo ser humano.

El movimiento ciudadano no deberá ser una organización, sino solamente una intención que apunta a un fin. Deberá ser como una ola que arrastra y que lleva a la autonomía, a lo que cada comunidad, colectivo o persona quiera llegar. El movimiento ciudadano es solamente una coordinación de actividades, apoyos y esfuerzos; no tiene líder, solamente cuenta con el motor común de generar, sostener o promover autonomías.

El movimiento ciudadano es un referente político y social que da identidad al que se incorpora a él, tiene un destino y tareas claras. Se sabe a donde se va y se sabe qué se quiere. El legislador sabe que debe impulsar leyes que dejen resquicios a la autonomía o de plano la favorezcan, el funcionario sabe que los recursos y acciones que puede aportar servirán para crear empleos integradores (distinto del empleo capitalista que desintegra colectivos), alentar talentos artísticos, crear nuevas formas de expresión y de vida.

El movimiento ciudadano nace en donde hay gente que coincide en impulsar algo ajeno al sistema, algo ajeno a liderazgos mesiánicos y ajeno a todo aquello que signifique subordinación al capital (en el empleo directo, en el arte, en la acción política y en cualquier campo).

El movimiento ciudadano nace cuando decidimos romper la indiferencia, la apatía en que nos ha sumido el capital, nace cuando el consumo empieza a dejar de ser importante en nuestra vida, nace cuando decidimos que la TV no siempre dice la verdad, nace cuando dejamos de pensar y actuar como los artistas y políticos de moda, nace cuando encontramos a otro como nosotros y juntos decidimos hacer “algo”.

La tarea a realizar no es vencer al capital ni al déspota en turno (si así lo aceptamos ya estamos en su órbita), de ninguna manera debemos dejar que ellos sean la referencia de nuestro hacer. En su momento ellos mismos en su desesperación o torpeza habrán de echarse a la gente encima. La tarea pendiente es la de recuperar espacios fraternos ofreciendo alternativas de vida, tanto material como espiritual. Se debe demostrar que la fraternidad también es negocio.

Nada hay que eludir que nos sirva, con tal que a cada momento revisemos si realmente lo que hacemos apunta hacia la creación de una verdadera región autónoma. Luchas como las de los gay y las mujeres nos demuestran que aunque no se logre todo lo que se quiere, se puede avanzar mucho. No satanicemos al sistema al grado que no podamos utilizar lo que de él nos resulte útil.

Lo importante es crear movimiento, generar movimiento. Que todo mundo sepa que no necesita esperar al próximo gobernante o al próximo partido. Que todo mundo sepa que ahí, en su colonia, en su región hay una actividad o un proyecto con posibilidades de éxito al 100%. La clave es pues, intentar solamente proyectos factibles, realizables en el corto plazo. Los proyectos deben ser claros, con metas alcanzables, medibles y con beneficios plausibles.

Las tareas que impliquen proyectos y actividades deberán ser simples y fáciles de hacer en los tiempos que las personas quieran dedicar. De preferencia deberán ser actividades divertidas para suplir con ellas el necesario esparcimiento que demanda la vida actual.

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